El Lumpenfacismo y la Re-Cavernalización del sujeto
histórico
Nota previa: Pretendo significar la Re-Cavernalización
como un proceso de regresión a estados previos y/o más acentuados de dominación
cultural y económica, donde el sujeto histórico o protagónico, pierde los
estadios de autonomía (cultural, política, económica, etc.) conquistados a
través de sus luchas históricas, para volver a estados de dominación y
sometimiento a través de los cuales les son arrebatados, incluso, sus derechos
más elementales.
El Lumpenfacismo y la
Re-Cavernalización del sujeto histórico
En los procesos pseudodemocráticos (eleccionalistas o
electoreros) de las excolonias condenadas al subdesarrollo, ha sido de suma
importancia mantener a una extensa parte de su población en estados de
exclusión cultural, económica y social. Lo que históricamente ha funcionado
como un chantaje colectivo contra los grupos sociales que limitan entre estos y
las capas medias (históricamente más beneficiadas y privilegiadas que los dos
grupos anteriores). Es así como para fines estadísticos se les clasificó como
estamentos sociales "E, D, C, B y A”, siendo el A el grupo más
privilegiado y el E el más paupérrimo.
En nuestro país (Venezuela) en particular, debido a su
papel como proveedor de materias primas energéticas (hidrocarburos) y de la
organización económica de herencia colonial de economía de puertos, se
desarrolló un modelo rentista de gestión económica, que volcó a la gran mayoría
de las fuerzas productivas a una dinámica de "cacería de la renta pública”.
Dicho modelo comienza a
colapsar en los primeros años de la década de los 80 del siglo pasado (XX) y se
agudiza en la década siguiente. Forzando a las capas sociales más vulnerables a
resolver por sí mismas sus necesidades más vitales, como vivienda, alimentación,
servicios básicos e incluso hasta algunas experiencias en el campo de la
educación llegaron a ser desarrolladas.
Las distintas
contradicciones entre las élites gobernantes del país en aquellos años, generaron
fisuras bastante importantes en el discurso dominante, permitiendo el
surgimiento de discursos alternativos que las capas sociales intermedias
acogieron con gran entusiasmo debido a la grave crisis causada por un modelo político-económico
incapaz de realizar una gestión eficiente de los recursos del país, debido a un
exacerbado clientelismo y una profunda crisis moral expresada en una corrupción
generalizada de todas las instituciones del Estado.
A esto ha de sumarse la
autonomía forzada de las llamadas fuerzas progresistas, que con la desaparición
de la potencia socialista contrahegemónica (la URSS), se vieron forzadas a
comenzar a desarrollar estrategias propias de interacción con su realidad,
teniendo que sintonizarse con las experiencias de autonomía que ya se venían
desarrollando en una buena parte de las comunidades populares del país.
Es así como en las dos
últimas décadas del siglo 20, se comienzan a desarrollar y fortalecer las
distintas corrientes contrahegemónicas que históricamente han existido en
nuestro país (la corriente obrera, la campesina, la bolivariana/nacionalista/militar,
la comunitaria/autónoma/educación popular, la culturar/contracultural, etc.).
Entre estas corrientes comienza a darse un proceso de articulación que va
generando espacios de acumulación de Poder (Poder como: poder/hacer/colectivo) que en algunos casos se
desviaron a escenarios electorales, que si bien, terminaron por salir
victoriosas, dichas victorias contribuyeron a generar una desviación mayor de
las corrientes que en aquel momento habían estado confluyendo en la construcción
del Contra-Poder.
Es así como los discursos
contrahegemónicos son convertidos en mercancía electoral, por las corrientes pseudoprogresistas
camufladas dentro del Movimiento Popular Transformador, constituido por las verdaderas
corrientes sociales contrahegemónicas que, ajenas a las intrigas y maniobras
electoreras y al ejercicio del Poder como acto de dominación, terminan siendo
marginadas y desarticuladas perdiendo toda capacidad por reivindicar una
verdadera práctica contrahegemónica.
Poco a poco son purgadas
todas estas corrientes incómodas al ejercicio del Poder y al usufructo del
discurso contrahegemónico como capital electoral de las corrientes
pseudoprogresistas devenidas en élites gobernantes.
Aunque en los primeros años
de ejercicio de Poder, estas corrientes dieron la idea de que estaban realmente
comprometidas con la implementación del discurso contrahegemónico, esta noción
se fue degradando de forma sostenida debido a las claras tendencias hegemónicas
que la nueva élite política presentaba.
En la lucha por el discurso
contrahegemónico, gran parte de las corrientes originarias fueron exterminadas
y para ello fueron utilizados los viejos y recién desempolvados argumentos
benitianos de señalar como enemigos de la patria a todo aquel que no
reconociera la legitimidad de la nueva élite gobernante.
Para ello se suprimió
cualquier noción de autonomía, acentuando el clientelismo político y la
dependencia de la sociedad a la más mínima gestión ante el gobierno.
Se reabrieron las heridas de
la exclusión en los sectores “E y D” acentuando el resentimiento y el
revanchismo como motivador electoral. Se redujeron los estándares en todos los
escenarios para lograr una falsa noción de integración en estos sectores, y se
estableció el abuso, el aprovechamiento y la adulación, como nuevo paradigma de
ascenso social.
El lumpen es la expresión
más directa de la decadencia, cuando todo es degradado a la condición de harapo,
de ruina, de despojo. El lumpen como la peor versión de algo, condena el
ejercicio de cualquier talento que no esté subordinado a él, exacerba la peor
versión del ser y le hace regodearse en su miseria como acto de orgullo e
identidad (pertenencia), siempre y cuando este, esté sustentado en la ficción
del ejercicio de algún Poder, ya sea de manera directa o indirecta.
La desarticulación de las
distintas corrientes contrahegemónicas y la utilización del discurso
contrahegemónico como elemento de ejercicio de Poder hegemónico, está condenando
al sujeto histórico a un proceso acelerado de Re-Cavernización, que hasta el
momento, pareciera irreversible, tanto por la poca permeabilidad social a un
planteamiento de nuevo tipo (que aún no termina de desarrollarse) como por un
marcado sistema de control, diseñado para impedir el surgimiento de este, por
cualquier vía.
Por ahora cada quien es su propio
escenario de lucha; cada paso que se dé hacia la autonomía, hacia la excelencia,
será una victoria. Y sólo sumando victorias, podremos volver a vencer, podremos
volver a ser y a hacer (Poder Ser- Poder Hacer).